Mostrando entradas con la etiqueta Recortes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recortes. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de abril de 2017

La Ciencia, peor que el yoga con cerveza

Ayer, 22 de Abril, se celebraron en el mundo centenares de "marchas por la ciencia", incluída una en Madrid.  La misión  de este movimiento, nacido en Estados Unidos,  es promover que investigación científica  "defienda el bien común y que los líderes y responsables políticos promulguen políticas de interés público basadas en la evidencia (científica)"   Creo que esta frase se entiende mejor con dos contraejemplos,  extraidos de noticias locales en los últimos días.  Esta semana han sido detenidos dos profesores en la Universidad de Baleares por "una estafa en la venta de un presunto medicamento contra el cancer", claramente en contra del "bien común".   En la pasada legislatura el Ministerio del Interior concedió la Medalla  de Oro al Mérito Policial a Nuestra señora María Santísima del Amor, decisión  que difícilmente puede estar basada en evidencias cientíticas.  El asunto que ha llegado estos días al Tribunal Supremo, que seguro que estará encantado de ocuparse de estas cosas, a falta de otras más importantes.

El movimiento March for Science surge en buena medida como reacción a la postura de incredulidad de Trump hacia el concepto de calentamiento global.  Según Trump, este concepto fue creado por los chinos  para reducir la competitividad de la industria norteamericana.    Pensar que el calentamiento global es un cuento chino, literalmente,   te concede la entrada al club de políticos con ideas extravagantes y peligrosas sobre desafíos globales, como  aquel vicepresidente de Sudáfrica, que pensaba que una ducha después de tener relaciones sexuales con una persona infectada con el VIH  reducía las posibilidades de contagio.

Aquí en España todo esto nos importa bien poco.  La marcha en Madrid,  que contaba en su cabecera con el presidente de  la Confederación Española de Sociedades Científicas (COSCE),  Nazario Martín,  el presidente de  la Real Sociedad Española de Física  entre otros distinguidos colegas,    recibió un tratamiento mediático raquítico, lo cual no me puede sorprender menos y disgustar más.  En el telediario de RTVE de las 15h, la noticia fue emitida a las 15:35,  después de no menos de 20 noticias,  justo despúes de  una sobre unos perros en mal estado en San Sebastian de los Reyes.   En la edición digital de El País, a las 18:40 del sábado, la noticia aparecía enterrada al fondo,  debajo de más de 40 entradas, incluida una sobre unas monjas que cultivan marihuana, y otra noticia sobre la nueva moda de practicar Yoga bebiendo cerveza.

Esta patética  visibilidad de la ciencia en los medios  es un reflejo fiel de lo que le importa la Ciencia a la gente en España.   Y precísamente porque a la gente le interesa más el yoga con cerveza, o el resultado del Sevilla-Granada (2-0),  que la ciencia, los científicos, y nuestras relaciones con los políticos, el gobierno puede volver a recortar el presupuesto del CSIC y del Carlos III, e irse de rositas sin recibir una sanción social, léase,  reducción de expectativas electorales.  Además de lamentar la falta de sensibilidad científica de la mayoría de la  gente,  y la falta de escrúpulos y de visión de futuro de nuestros políticos, los científicos deberíamos plantearnos qué podemos hacer para revertir esta situación.   ¿Qué podemos hacer los científicos para que a la gente le importe la Ciencia?.    ¿En qué medida la situación es culpa nuestra?.


jueves, 7 de febrero de 2013

Borrador de Carta dirigida al Ministro de Economía



En reacción al recorte de los proyectos del Plan Nacional de I+D+i , comentado en la entrada anterior, estoy elaborando con algunos colegas una carta que será enviada al Ministro de Economía para denunciar esta decisión. Cuelgo aquí el borrador con el fin de solicitar comentarios y aportaciones.

domingo, 27 de enero de 2013

¿Por qué invertir en Ciencia?

 El anuncio en el BOE de la semana pasada,  desglosando por  anualidades  la financiación de los proyectos del Plan Nacional de I+D,  ha dejado a  centenares de grupos que habían logrado la aprobación de su proyecto  con menos de diez mil € para el primer año de trabajo. Esta es la guinda de un pastel de 3 años de recortes severos en el presupuesto,  que han llevado al CSIC a apagar la calefacción y a suspender su programa de  contratación de investigadores jóvenes que,  unidos a la situación patética de las Comunidades Autónomas, incapaces de asumir sus compromisos con las Universidades,  dibujan una situación del I+D español  impensable hace cinco años, cuando éramos el país con más kilómetros  de vía de tren de alta velocidad y teníamos el sistema financiero más sólido  del mundo.

Los recortes en I+D muestran que hemos sido  confundidos con uno de los muchos sectores improductivos  que sobreviven gracias  a las subvenciones  que,  además, desactivan  la voluntad de buscarse la vida con más ahinco y de generar  recursos.   Lo de buscarse la vida lo dijo bien clarito  Carmen Vela, Secretaria de Estado de Investigación, en  su carta  publicada en Nature, recordándonos que  ahí están los fondos europeos, llenos de miles de millones de euros, esperándonos.  Y, más significativo aún, ahí están las declaraciones de  febrero de 2012 de Luis de Guindos pidiendo  que  la Ciencia "no sea algo abstracto sin frutos perceptibles e intangibles " poco después de que se anunciara que la Secretaría de Estado de I+D iba a pertenecer al Ministerio de Economía que él dirige, toda una pista de por dónde iban a ir los tiros.

Así, sin ánimo de ofender a nadie, y para que se me entienda, nos han metido en el mismo saco que al cine subvencionado español y De Guindos parece estar pidiendo  que nos parezcamos más a Hollywood o a Torrente.  Por tanto, urge responder a la pregunta del título de esta entrada,  que nos están planteando de manera implícita y sibilina  nuestros políticos,  al recortar nuestro sueldo primero, y nuestro presupuesto después:  ¿por qué invertir en Ciencia?.

Parte de la respuesta  es que España se encuentra en una encrucijada histórica. Tras décadas de avance económico que nos estaban permitiendo acercarnos al nivel de renta de Francia y Alemania,  estamos sumidos ahora en la desesperación de una crisis que afecta a casi todos los sectores de la sociedad y que nos aleja claramente de ese sueño.  El dilema de cómo salir de la situación se complica con la constatación de que España no tiene acceso fácil a las dos principales fuentes de riqueza:  la producción de tecnología y los recursos naturales.   Nuestra gran disyuntiva  consiste en  comenzar a ser productores de tecnología, precisamente ahora que falta dinero, o desistir en el empeño y quedar otra vez en la segunda división.

Pero esta respuesta es incompleta, porque  la inversión en ciencia es condición necesaria para poder ser una potencia tecnológica,  como muestran las estadísticas a este respecto,  pero no es condición suficiente.   Así, la desinversión en ciencia puede acabar con nuestro futuro tecnológico, pero la inversión no lo garantiza, y es ahí donde los científicos tenemos que  reflexionar y hacer autocrítica. Debemos empezar a pensar en cuál es el retorno de la comunidad científica española hacia nuestros contribuyentes.  Esta admonición va dirigida muy especialmente a los que, como yo, no justificamos sobradamente el sueldo dando clases en la Universidad y hacemos investigación de carácter fundamental.  La gente de la calle tiende a pensar que los científicos estamos ocupados resolviendo los problemas de la humanidad, pero  lo cierto es que, como decía Feynman, "la ciencia es como el sexo: a veces produce algo útil, pero ése no es el motivo por el que lo hacemos".   Así que, para poder seguir practicando, deberíamos intentar producir más "tangibles", y ser así menos dependientes de las decisiones de los políticos.

Como quiera que nos va a llevar un tiempo producir tangibles, hay un par de cosas que todos los científicos podemos empezar a hacer para estar menos expuestos a las inclemencias de la crisis: divulgar y organizarse.  Durante las  semanas en las que la opinión púbica fue casi feliz por el descubrimiento del bosón de Higgs, habría sido más difícil recortar la aportación española al CERN (aunque resulta que estamos pendientes de pagarla).  Y si la afiliación a nuestras respectivas asociaciones profesionales aumenta, y con ello su prestigio y representatividad, éstas podrán desempeñar una labor parecida a la de sus homónimas en países a los que aspiramos a imitar.

Finalmente, hay algo que  debemos evitar: que el justo cabreo que nos invade acabe colocándonos al lado de  Willy Toledo,  detrás de una pancarta, eligiendo bando  en la batalla de los partidos políticos.   Desperdiciaríamos así el gigantesco capital de talento y formación que se nos supone a los científicos, que debería permitirnos dar una respuesta a los recortes  alejada de populismos y demagogía.