Se acaban de aprobar las nuevas reglas para la acreditación de profesorado universitario en España que regulan el acceso a los cuerpos de "Profesor Titular" y "Catedrático". En ellas se define el número de publicaciones, tesis doctorales, horas de clase, proyectos de investigación, años de experiencia, y muchas otras variables que, de forma obligatoria, hay que tener para poder aspirar a ser profesor titular y catedrático en una universidad en España. Llamadme exagerado, pero a mi me vale un único dato para convencerme de que los criterios son absurdos: las 96 publicaciones que tenía Kostya Novoselov en 2010, cuando recibió el premio Nobel de Física por haber descubierto el grafeno, no le habrían llegado para lograr la calificación A (excelente) en el apartado de investigación. Para la ANECA, Novoselov, con su premio Nobel bajo el brazo, habría sido "bueno" en investigación, a secas.
¿Tenemos casos así en España? No voy a dar nombres, porque les podría perjudicar, pero hay casos de científicos españoles que ya son famosos por descubrimientos revolucionarios y que están lejísimos de llegar a la categoría de "excelente" en investigación, debido a que su número de publicaciones no llega a las cifras estratosféricas que pide la ANECA, el organismo que se encarga de esto. Es más, no llegarían ni a excelente para ser profesor titular.
¿Qué está detrás de esta reglamentación?. A falta de información fidedigna, ya que no conozco a los autores, solo me queda especular . Por un lado, la situación presupuestaria de las Universidades ejerce presión para disminuir el número de candidatos elegibles para puestos de catedrático. La creación de cátedras en España es básicamente un ejercicio de promoción y ascenso de sueldo de profesores que ya están en el Departamento. Por otro lado, hay mucha gente que opina que en España hay demasiados catedráticos, lo que habría dado lugar a la degradación del puesto. Por último, la desconfianza absoluta, y no sin fundamento, de que las comisiones de evaluación sean capaces de hacer bien su trabajo si no se imponen unas pautas numéricas rígidas: alguien ha pensado que "esto es un coladero", y ha decidido poner coto.
¿Cuáles van a ser las consecuencias? La que más me preocupa es que la Universidad se va a convertir, más todavía, en una manada de coleccionistas de cromos: publicaciones, tesis, horas de clase, proyectos de investigación, años de clase. El incentivo para hacer algo excepcionalmente bueno queda completamente erradicado. Con estas reglas, lo que importa es la cantidad. En mi área de conocimiento hay que tener 130 publicaciones para obtener la calificación "excelente" para ser catedrático. No llega si haces menos, aunque supongan una revolución. El alto nivel de exigencia hará más difícil que "tuerce-botas" sean ascendidos a catedráticos, no lo dudo. Pero el perfil de profesor funcionario que se promueve fomenta el continuismo, ahuyenta la toma de riesgos y la búsqueda de la calidad y premia la cantidad en detrimento de la calidad.
¿Cuál sería la alternativa a esto?. Un sistema en el que las personas encargadas de decidir sobre la promoción en la Universidad tengan "skin in the game", como dice Taleb, es decir, que se jueguen algo en la decisión, de forma que tengan un incentivo por acertar y un castigo por equivocarse. En la situación actual, los miembros de comisiones evaluadoras y tribunales no se juegan nada si le dan el visto bueno a un candidato que luego resulta ser un desastre, o incluso ya ha demostrado serlo. Es más, históricamente ha existido un incentivo para hacerlo "mal", dado que la promoción estuvo en manos de colegas del departamento. Para evitar el compadreo y los chanchullos, durante décadas se han introducido mecanismos como sorteos, obligatoriedad de incluir a miembros externos en los tribunales, etc., pero es obvio que esto no ha funcionado. Ahora alguien ha pensado, con una gran arrogancia o ingenuidad, que es posible definir unas tablas de la ley, con criterios numéricos, que conviertan la evaluación en una tarea administrativa. Me produce desazón comprobar que nadie espera nada brillante de las universidades en España, y que nos hayamos ganado a pulso que los políticos no se fíen de nosotros. Y viceversa.
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viernes, 17 de noviembre de 2017
sábado, 31 de diciembre de 2016
El I+D de 2016, en 10 noticias.
Es hora de ajustar cuentas con 2016.
- Pasará a la historia: el descubrimiento de las ondas gravitacionales en uno de los experimentos más espectaculares de la historia de la ciencia. Cosas así me reconcilian con el género humano.
- Premio Nobel para las fases topológicas. Esta ha sido otra de las alegrías del año, por varios motivos. El premio Nobel había sido anticipado, en parte, por este blog, hace 2 años. Más importante: este premio reivindica una forma de mirar al universo que nos es muy querida a los físicos de la Materia Condensada.
- Los españoles no somos más tontos. Uno de los hitos de 2016 ha sido el descubrimiento de un planeta potencialmente habitable en Proxima Centauri, el sistema solar más cercano al nuestro. El descubrimiento ha sido realizado por un equipo internacional liderado por los astrofísicos españoles Guillem Anglada-Escudé (Londres) Pedro J. Amado (Granada), entre otros. Ciertamente, esto de descubrir otros mundos es parte de nuestra tradición cultural.
- Los españoles no somos más tontos (2). Otro de los hitos de este año ha sido el logro del equipo del español Juan Carlos Ispizua (Instituto Salk, Long Island, NY), mostrando la posibilidad de revertir el envejecimiento en ratones. Las posibles aplicaciones en humanos, y lo que esto supondría, se comentan por si solas.
- Las universidades españolas siguen siendo muy malas. Un año más, la publicación de varios rankings no sitúa a ninguna de nuestras universidades en la lista de las 150 primeras. Sin embargo, en algunas disciplinas específicas, algunas universidades españolas dan la talla, como le gusta apostillar a mi colega de la U. Alicante, Juan Carlos Sancho. Así, la Autónoma de Madrid sale la 50 en Física, por delante de Leiden, Bruselas y UC San Diego. Por tanto, si se puede hacer bien, y no es que falten mimbres, el problema es de gobernanza.
- Rector español acusado de plagio. Los problemas de gobernanza de las universidades españolas han quedado en evidencia, más si cabe, con el escándalo que rodea al rector de la Universidad Rey Juan Carlos, que ha sido acusado de varios casos de plagio que afectan a su tesis doctoral y a más de una decena de publicaciones. Aunque el caso está todavía lejos de llegar a una sentencia judicial, los indicios en contra del Rector son abrumadores. Anoto como prueba documental de los males que aquejan a la universidad española la frase que ha dejado el rector en su nota de prensa: "El rector solo se debe a su comunidad universitaria". Ilustrísimo Rector: el 85% del presupuesto de su universidad lo ponen los contribuyentes, también nos debemos a ellos ¿no?.
- Informe Pisa: los estudiantes españoles de 15 años por detrás de Portugal, en habilidad lectora, y matemáticas. Desgraciadamente nos hemos acostumbrado a estar por detrás de Singapore, Corea del Sur, Japón y China, como si lo que ocurre allí no fuera con nosotros. También nos hemos acostumbrado a estar por detrás de Alemania, Francia, y el recurrido ejemplo de Finlandia. A ver si perder también con nuestro entrañable vecino Portugués, al que ocasionalmente hacemos de menos y casi siempre ignoramos, remueve algo en el orgullo patrio e intentamos remediar los graves problemas del sistema educativo, el más importante de todos que a la mayoría de la gente le importa un carajo la educación: viva el vino.
- La parálisis política también afectó al I+D. Está claro que un gobierno en funciones tiene aún menos margen para gestionar el I+D, y así hemos estado en 2016. Me llamó particularmente la atención que durante 2016 también se paralizó el sistema de acreditación de profesores de Universidad, que gestiona la ANECA. No me queda claro si se trata de una coincidencia, pero lo cierto es que durante 2016 el procedimiento para acreditar la validez de los profesores para poder acceder a puestos de profesor titular y de catedrático no ha funcionado.
- Europa intenta liderar la segunda revolución cuántica. 2016 ha sido el año del Manifiesto Cuántico, el documento elaborado por científicos europeos para animar a la Unión Europea a iniciar un ambicioso programa de inversiones en "nuevas tecnologías cuánticas", el llamado "programa buque insignia en tecnologías cuánticas", o "flagship on Quantum Technologies". Este es un campo que podría permitir el desarrollo de varias tecnologías disruptivas, como los ordenadores cuánticos y telecomunicaciones ultraseguras. Es por esto que grandes empresas norteamericanas como Google, Microsoft, Intel e IBM están haciendo grandes inversiones. El gobierno español parece haber tomado nota, en parte, de la importancia del flagship, y ha promovido tres Foros de discusión sobre el tema. Así, en Mayo de 2016, tuvo lugar una reunión en el Ministerio de Economía. Me debo estar haciendo muy mayor, y estamos viviendo en el futuro, con la física cuántica abriéndose camino por los pasillos del Ministerio de Economía.
- El INL y la Universidade do Minho ponen en marcha el QuantaLab. Fue en este contexto en el que mi centro de investigación, el INL, y su vecino de la acera de enfrente, la Universidade do Minho, han puesto en marcha un centro mixto de investigación en Tecnologías Cuánticas y Materiales cuánticos, el QuantaLab. Este proyecto es uno de los hijos de 2016, y espero que nos de mucho que hablar en los próximos años.
2017, allá vamos.
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