lunes, 11 de mayo de 2020

Carta abierta a los estudiantes españoles

Querido estudiante español,

espero que esta carta te encuentre bien de salud,  y tomando todas las medidas necesarias para evitar la propagación de la pandemia.   Te escribo para darte muy malas noticias y, encima,  consejos que no me has pedido, con lo que no espero un recibimiento caluroso.

Te  diré a bocajarro dos pésimas noticias, que eran verdad antes de lo del COVID:
1) Tienes que pagar una deuda de unos 50.000 euros  para hacer frente a gastos que el Estado ya ha realizado
2) Si se mantienen la situación demográfica y  la productividad actual, el  esquema actual de pensiones es inviable, y cuando tú te jubiles vas a cobrar muy poco.

Spoiler: esto tiene solución, pero antes sigue leyendo, que te tengo que explicar las malas noticias.

Vamos con la deuda de 50 mil euros.  En 2019, antes del COVID, la deuda contraída por el Estado Español era de más de 1.188.862 millones de euros.  O sea, más de un millón de millones de euros. ¿Y a ti qué?.   Bueno, una parte de esta deuda la vas a pagar tú.  Esa deuda solo se puede pagar a través de los ingresos que genera el Estado, que en su gigantesca mayoría, provienen de impuestos. 

¿Y cuánto te toca a ti? Si divides ese billón y pico  entre 45 millones de españoles, te tocan unos 24000 euros.   Pero claro, hemos dividido mal. Si miras a tu alrededor verás que la mitad de la población no trabaja,  son gente mayor, niños,  discapacitados y desempleados.   La población activa en España es de menos de 20 millones de personas. Por tanto, cuando estés trabajando,  tus ingresos tendrán que pagar tu cuota de esa deuda y la cuota de la otra mitad.  Por tanto, vas a tener que pagar una cantidad del orden de 50.000 euros solo para hacer frente a deuda pública del pasado

Ahora te explico lo de las pensiones. Todos los trabajadores de España  dedican una parte de su sueldo a pagar la cuota de la Seguridad Social.  Es una parte importante, en torno al 30% del coste salarial total.  Parte de ese dinero entra en la "caja" de la cual se pagan las pensiones.    Bien,  debido a la gran cantidad de pensionistas y lo modesto de los sueldos de los trabajadores,  desde hace ya 4 o 5 años en esa caja  sale más dinero del que entra, con lo que ya está casi vacía,  y de hecho el Estado está transfiriendo dinero a esa caja del presupuesto general que se financia con impuestos.  Dramatizando:  el esquema de las pensiones en España es  como un timo piramidal y tú has llegado de los últimos.

Si has llegado hasta aquí, es probable que estés muy enfadado y contemplando con agrado ciertas "soluciones mágicas" que se escuchan con frecuencia, desde babor y estribor.  Lo siento, pero la siguientes medidas NO van a arreglar el problema. Algunas podrían paliarlo, pero  otras serían directamente contraproducentes:
  • No se puede "no pagar la deuda". La deuda hay que pagarla, porque si no lo hacemos, no nos prestan más dinero y colapsamos: el Estado no podría pagar las nóminas de millones de pensionistas, médicos, profesores, militares, policías.  
  • No, la deuda y las pensiones  no se pueden pagar "aumentándole los impuestos a los ricos".  No tenemos muchos ricos   y ya pagan bastante impuestos. Muchos son ricos porque han creado grupos empresariales que dan empleo a centenares de miles de personas.  Si les freímos a impuestos igual se van a otro país.  No queremos ser un  "paraíso fiscal" pero tampoco un  "infierno fiscal".
  • No, la deuda y las pensiones no se podrían pagar reduciendo el presupuesto de Defensa. El estado dedica ya menos  del 2% del presupuesto esa partida.  Si usáramos la totalidad de esa partida para pagar la deuda,  tardaríamos  más de 100  años. El presupuesto de Defensa no cubre ni   una quinceava parte del gasto anual en pensiones
  • No, la deuda y las pensiones  no se van a pagar quitando la monarquía. El presupuesto de la Casa Real es de unos 8 millones de euros,  una gota en el océano de cuatrocientos setenta y dos mil millones de los presupuestos generales del Estado.   O sea, el 0.001%. Las elecciones suelen costar unos 200 millones, con lo que una república no te iba a ahorrar nada, nos iba a costar más. 
  • No, la deuda y las pensiones no se van a pagar reduciendo la ayuda exterior, gastamos en eso menos que en Defensa
  • No, la deuda y las pensiones no se van a pagar reduciendo el número de políticos.  Es verdad que hay  miles de diputados (nacionales, autonómicos)  ministros, consejeros,  directores generales, asesores.  Se puede ser más austero, pero el sueldo de esa gente es  una vaso de agua en la piscina del gasto en pensiones y nóminas de médicos, profesores, policías (mi forma de decir funcionarios sin que imagines a un tipo antipático y ocioso al otro lado de una ventanilla). 
  • No, la deuda  y las pensiones  no se van a pagar "quitando la comunidades autónomas".  La parte del león de su presupuesto se usa para Educación y Sanidad.   Podrían gastar menos en "chiringuitos" y  canales autonómicos que no ve nadie, y esto aliviaría un poco el problema, pero no lo resolvería.   
 Entonces, ¿qué diablos podemos hacer?.    La respuesta es "hay que mejorar la productividad".   O sea, tenemos que lograr generar más riqueza trabajando el mismo número de horas. Esto nos llevará a sueldos más altos,  que hagan sostenible el sistema de pensiones y aumenten la recaudación fiscal sin subir los impuestos.  Y  esto,  ¿cómo se consigue? .    Hay profesiones en las que es muy difícil. Por ejemplo, un camarero no puede poner muchos más cafés, o más cervezas, de las que ya pone.   En cambio,  hay profesiones en las que la tecnología puede aumentar la productividad de forma radical.

Te pongo un ejemplo.  La comunidad valenciana envía cada día unos 5000 servicios de  ambulancia  a atender pacientes a domicilio.  Esto supone miles de horas de trabajo de los empleados, más el gasto en combustible. La asignación de rutas y recorridos de, digamos, 500 ambulancias para hacer esos 5000 servicios es un problema muy complejo.    El número de formas de asignar 500 ambulancias a 5000 servicios debe ser comparable al número de estrellas en el universo. No tenemos un método de encontrar la solución óptima, con lo que hay mucho margen para mejorar. Este tipo de problemas de optimización,  afectan  a Amazon, Ryanair, Seur.   Hablamos de miles de millones de euros en recursos. Si  usamos técnicas de inteligencia artificial y de computación cuántica podríamos lograr  optimizar mejor esos problemas de logística y... ser más productivos.

El desarrollo de la informática personal ha permitido mecanizar y automatizar tareas repetitivas y monótonas. La robótica hará lo mismo.  Otro ámbito que puede mejorar la productividad es el desafío energético.  Tenemos que encontrar formas más ecológicas y sostenibles de obtener energía. Esto va a requerir mucha investigación: muchas matemáticas, química, física e informática.  Y para eso habrá que trabajar y colaborar con millones de informáticos, científicos e ingenieros en todo el mundo, lo que únicamente podrás hacer hablando inglés.

Si has llegado hasta aquí te darás cuenta lo poquísimo que importa que te saques la carrera copiando, o con aprobado general.  Si tu plan de vida es que te regalen el título para ir a trabajar sin preocuparte de cómo vas  a aumentar mucho tu productividad,  no vas a ayudar a achicar agua del barco que te transporta y que corre riesgo de hundirse.   Además,   por lo general, los trabajos poco productivos están mal retribuidos. Ponte a aprender a programar ordenadores, a aprender inglés, y  ponte a pensar en cómo mejorar la forma en la que se trabaja. Ponte a pensar en cómo resolver los problemas del mundo a través de la ciencia, la tecnología, la creatividad y el ingenio.

Finalmente, si te estás preguntando que por qué no estamos todo el día hablando de esto,   citaré la frase de un influyente asesor político: "Las 3 emociones con las que se juega en campaña son: el miedo, el rechazo y la esperanza".  Por eso, te están llenando los oídos de miedo y rechazo, con la idea de que la culpa de  tus problemas la tienen otros:  los ricos, los extranjeros, los de otras regiones, otros países, otras religiones o  los de que no visten como tú.  Si tuviéramos a Churchill, quizá te prometería esperanza, a cambio de sangre, sudor y lágrimas.   Igual Churchill te diría  que "tienes que estudiar más, tienes que aprender a ser productivo para  pagar la deuda y hacer sostenible el sistema de pensiones".

Termino: no sientas lástima por ti mismo, tus abuelos lo tuvieron mucho peor que tú.  La generación de ancianos que está siendo masacrada por el COVID, nació en los años de la guerra civil,  fueron niños durante una guerra mundial, jóvenes en la España pobre y sin libertad de los 50 y los 60,  se dejaron la piel para convertir a España en un país moderno y pujante,  en el que dejamos de hablar de botijos y empezamos a hablar del AVE,  los juegos olímpicos.  Esa gente ha sufrido,  ya en la época próspera, la crisis del petróleo en los 70, la del 93 y la megacrisis del 2008.   Llegaron ya mayores  a los video juegos,  internet,   Netflix, los móviles.  Ahora, para remate, les toca vivir el final de sus días con la congoja del  COVID, que a ti no te va a afectar.

sábado, 28 de marzo de 2020

Políticos, periodistas, científicos y "la ciencia".

La crisis del  COVID19  ha puesto en el centro del escenario a este trío heterogéneo que formamos científicos, periodistas y políticos, y esas palabras en boca de todos, "la ciencia".   Hace ya algún tiempo me vino a la cabeza que periodistas  y científicos no podemos ser más diferentes.  En general, un científico está obsesionado con la verdad, es experto en un tema muy específico, y tras trabajar meses, o incluso años en un tema, escribe un artículo con un lenguaje obscuro que únicamente leen expertos y que sacrifica la estética en aras de la precisión.  Un periodista está obsesionado con atraer lectores,  trata una gama amplísima de temas lo que le impide profundizar, y tiene que escribir un artículos con mucha frecuencia, sacrificando precisión en favor de la narrativa.

¿Cómo encajan los políticos en este esquema?   Cuando yo era joven,  había muchas personas que habían abandonado temporalmente su profesión para meterse en política. Gentes con oficio y beneficio que durante unos años arrimaban el hombro, aportaban su conocimiento, y se beneficiaban de las indudables ventajas de la profesión.  Ahora muchos  de nuestros políticos no saben hacer otra cosa que ser político, y esto se reduce al arte de no perder su trabajo, ya que de pederlo no tendrían donde caerse muertos, o volverían a puestos de funcionario mucho peor retribuidos.

Los políticos deberían  poder conservar su trabajo si lo hacen bien.  Hace unos años eso era relativamente sencillo. En un país con pocas carreteras, pocos hospitales, pocas universidades y pocos aeropuertos, cualquiera de esas inversiones era una apuesta segura para desarrollar el país.  En algún momento,  hace 15 o 20 años,   dejó de ser una verdad automática que  en España cualquier inversión fuera una mejora. Así  proliferaron  rotondas, auditorios de música imposibles de llenar,  líneas de alta velocidad sin trenes,   parques científicos fantasma e incluso aparecieron aeropuertos de uso peatonal.

El ingenio humano no tiene límite y los políticos descubrieron que también podrían conservar su trabajo simplemente si convencen a la gente de que lo hacen bien, aunque lo hagan bastante mal.  En ese esquema,  es esencial que los  periodistas, que son los que le cuentan a la gente cómo van las cosas, cooperen en la estafa.   Esto no lo hacen por que sean  espontáneamente  mala gente, sino por   supervivencia: son  los políticos los que condicionan y determinan las fuentes de ingresos de los medios,  a través de publicidad institucional,  las regulaciones legales y la concesión de licencias.

La manipulación llega lejos, pero tiene un límite. Ya vimos que cuando las cosas van tan mal que tienes 6 millones de parados, le bajas el sueldo a 4 millones de funcionarios y le congelas la paga  a 8 millones de pensionistas,  no hay relato que valga y te vas a la calle.   Supongo que nuestros políticos estarán preocupados por cómo se va a tomar la sociedad española que seamos uno de los dos o tres países del mundo con más muertos por la COVID19.   El espectáculo de ver todos los medios alineados con la agenda de los políticos de uno y otro bando es realmente incompatible con la idea de que esos medios están preocupados por investigar e informar.  En palabras del tuitero  @JosudeMiguel1, tenemos un sistema comunicativo que "no informa, sino que relata. Que no investiga, sino que asevera. Que no fiscaliza, sino que participa del poder".

Es en este contexto donde los científicos, elevados a una posición que en su momento ocupó la Iglesia, nos hemos convertido en los nuevos  chamanes de la tribu.  Se me ponen los pelos como escarpias cada vez que escucho la frase "lo dice la ciencia".      Queridos lectores: "la ciencia" no existe.  Existimos los científicos y el método científico. Este último es la gran aportación a la historia de la humanidad: el uso de experimentos, observaciones  y deducciones matemáticas  para intentar distinguir  entre lo verdadero y lo falso.

A pesar de todo el brillo del método científico  y  el progreso que nos ha traído,  cuando salimos a un plató de televisión,   o en redes sociales,   nos podemos fiar de los científicos en la misma medida en la que te puedes fiar de políticos y  periodistas.   Aunque muchos somos funcionarios y no tememos por nuestro puesto de trabajo,   nuestra capacidad de desarrollar nuestra pasión por investigar depende en exclusiva de que tengamos  financiación  para ello. Y ésta  es, por regla general,  de origen público, y por tanto está en manos de los políticos.  O sea, que los científicos  tenemos incentivos perversos,  igual que políticos y periodistas.

Por tanto, cuando en los próximos meses salgan  científicos a apuntalar la versión que encaje en la agenda de los políticos, desconfiad de ellos tanto como desconfiáis de políticos y periodistas.  Preguntad  si  esos científicos están   informando, y no relatando,  si están  investigando, y no aseverando,  y si están  fiscalizando al poder, o si por el contrario, forman  parte de él.

viernes, 20 de marzo de 2020

Organismo de prevención y gestión de catástrofes

En esta entrada quiero esbozar una serie de medidas que creo que todos los países deberían adoptar para mitigar el efecto de futuros brotes epidémicos.  La lógica de todo lo que viene a continuación es la misma que motiva  que todos los países disponen de un Ministerio de Defensa, un ejército y un presupuesto militar, para estar preparados para una eventual conflicto bélico que, afortunadamente, no ocurre casi nunca.

Vaya por delante que no tengo experiencia en nada de lo que aquí propongo,  y que mi especialidad es la física teórica. Seguro que hay gente más cualificada. Me atrevo a escribir estas líneas viendo lo bajo que está el listón y lo rematadamente mal que han hecho las cosas. Estas son mis propuestas, seguro que se pueden mejorar:
  1.  Creación de un organismo, con rango ministerial o de  Secretaría de Estado,  que se encargue de la prevención y la gestión de catástrofes. El organismo de prevención y gestión de catástrofes (OPGC)   tendrá competencias exclusivas,  sin transferir competencias a las CCAA, para asegurar la unidad de acción y para implementar  todas las medidas que se enumeran a continuación. La exclusividad permitirá además evitar la duplicidad o multiplicidad del gasto sin sacar nada a cambio: tener 17 consejerías de sanidad no nos ha valido de gran cosa para tomar a tiempo medidas contra  el COVID19.
  2. Creación y gestión por parte del OPGC  de un arsenal de emergencia, es decir de un stock de material sanitario (equipos de protección integral, material desinfectante), distribuido en varios depósitos a lo largo del territorio nacional, y debidamente custodiado (quizá en las instalaciones del ejército).  La   previsiones legales relativas a  este arsenal serán la misma que las del arsenal militar.
  3. Creación de un cuerpo de reservistas médicos y personal sanitario, constituido por todo el personal sanitario en activo, el personal sanitario en formación (a partir de 3 or 4 año de grado), y personal retirado menor de 75  años. El OPGC mantendrá una base de datos actualizada que permitirá la rápida movilización de este cuerpo de reservistas.
  4. El OPGC  emitirá con carácter mensual un informe sobre el nivel de seguridad mundial, teniendo en cuenta la existencia de brotes epidémicos y su evolución. Este informe será elevado al Consejo de Ministros, a la Unión Europea, a los países limítrofes,  y a todas las comunidades autónomas, que deberán responder con un acuse de recibo firmado por los gobiernos en pleno. Este acuse de recibo será publicado en la web del OPGC. Así, los responsables políticos no podrán aducir ignorancia.
  5. El informe  mensual  del OPGC tendrá una parte de carácter no confidencial que será publicada en la web del organismo y enviada a todos los medios de comunicación, estableciendo niveles de alerta, de forma parecida al protocolo existente con alertas terroristas. Así, los medios de comunicación no podrán decir que "no podíamos saber". 
  6. La red de hospitales y centros de salud públicos y privados reportará al OPGC de forma periódica (¿anual?) sobre la disponibilidad de camas y de unidades de cuidados intensivos. Así, el OPGC dispondrá de información actualizada de la capacidad de respuesta y de su distribución geográfica. 
  7. Cuando el OPGC establezca un nivel de alerta alto, el gobierno implementará el correspondiente Estado de Alarma, siguiendo para ello la legislación vigente, y con  las debidas garantías que  impidan que se coarten  los derechos individuales de forma injustificada.
  8. Redacción de una Ley de Alertas que permita, con las debidas garantías, la implementación eficaz del aislamiento de la población. Esto incluirá el uso obligatorio de teléfonos móviles con herramientas de geolocalización y toma de temperatura, y la creación de herramientas de inteligencia artificial para el análisis masivo de datos que permitan combatir una epidemia letal.
  9. Obligatoriedad de incluir  geo-localizadores en coches y motos, y su activación obligatoria cuando entre en vigor el Estado de Alarma.  A mí me asusta el Gran Hermano más que a nadie, pero me da más miedo que estemos expuestos a pandemias y que mi vida sea amenazada por el individualismo garrulo y la ignorancia rampante de los más tontos de la clase.  
  10. El OPGC establecerá una  jerarquía de niveles de alerta que regulan la prohibición automática, implementada en una ley de carácter estatal a tal efecto,  de eventos que reúnan a un número determinado de personas.
  11. Se establecerán sanciones , incluyendo privación de libertad y fuertes multas,  a los infractores de las medidas que el OPGC establezca, y que queden recogidas en la legislación que se habrá de redactar a tal efecto.
  12. Todos las instituciones públicas y todas las empresas con más de 50 empleados deberán elaborar un plan de contingencia en caso de catástrofe, dar formación a sus empleados, y tener un stock de material de protección propio, debidamente inventariado por el OPGC y activar el tele-trabajo.
  13. Todas las CCAA deberán desarrollar un plan de contingencia para impartir clases on-line en caso de cierre de centros educativos.  Este plan debería incluir el uso de canales de televisión  online para impartir clases.
  14. Se incluirá en los planes de estudios de  educación conceptos básicos de higiene personal, epidemias, contagios,  uso de mascarillas y guantes, y toda la jerga que estamos aprendiendo estos días, muy a nuestro pesar.
  15. Se destinará, por ley, un 5% de cada euro empleado en inversiones en Defensa a la investigación  científica en temas relacionados con epidemias, gestión de catástrofes, y  temas afines. Un 5% parece poco, pero es que Defensa invirtió  más de 2800 millones de euros en 2018.    Si le inyectan un 5% de eso, o sea,  140M€ al I+D español,  les aseguro que lo vamos a notar. 
El coste económico de todas estas medidas es relativamente barato, sobre todo si lo comparamos con el paquete de doscientos mil millones de euros que acaba de aprobar el gobierno. El carácter excepcional de las crisis, que con la debida prevención podrían evitarse completamente si se toman medidas a tiempo,  hacen asumible la limitación temporal y justificada de ciertas libertades. 

Por supuesto, escribo estas líneas con la ventaja enorme de conocer las consecuencias dramáticas de lo que ahora nos parece una imprevisión inaceptable. Precisamente porque ahora sabemos, es necesario adoptar políticas que impidan que se repita el infierno por el que están pasando  nuestro personal sanitario,  nuestros ancianos y personas vulnerables, cajeros de supermercados y de bancos,  soldados, policías y    limpiadores.

El crecimiento de la población y la  rápida interconexión  de todo el planeta, a través del intercambio de viajeros y mercancías,  hacen previsible que brotes víricos parecidos puedan volver a repetirse. Hay que estar preparados.  Ya lo decía Bill Gates hace 5 años, y no le hicimos ni caso. 

martes, 17 de marzo de 2020

El COVID19 como cisne negro.

Retomo el blog para intentar sacar algo bueno de la espantosa situación que está generando el COVID19.  Alguien dijo que nunca nada es un fracaso absoluto ya que siempre puede ser utilizado como contraejemplo. En este post pretendo usar el COVID19 para  ilustrar el concepto de "cisne negro", propuesto por el pensador Nassim Taleb en su obra homónima de 2007  como un ingrediente esencial para entender la vida, la historia y los mercados financieros.

Según Taleb un cisne negro es un hecho altamente improbable,  que es incluso considerado imposible, y que cuanto finalmente tiene lugar, trastoca de forma irreversible y dramática el estado del sistema en el que tiene lugar.  Ejemplos de cisnes negros sería la emergencia de la vida en la tierra, o más recientemente, los atentados del 11S de 2001 en  los EEUU,  o  el comienzo de la primera Guerra Mundial, o el crack de la bola de 1929.  No todos los cisnes negros son de carácter negativo.  Por ejemplo,  descubrimiento del grafeno, contravenía uno de los dogmas de la ciencia de materiales, la inexistencia de materiales bidimensionales.

El origen de la expresión  es el siguiente.  Hasta el primer avistamiento de un cisne de color negro por  parte de un europeo, todos los cisnes eran blancos.  Bastó un simple hecho,  considerado imposible hasta ese momento, para cambiar radicalmente la concepción sobre ese tema. En general, los ejemplos de cisne negro tienen consecuencias con mucho más calado que un mero cambio en nuestros conocimientos de zoología.


Volviendo al COVID19, ¿qué probabilidad había de que un único evento, la transmisión de un corona virus a los humanos,  tuviera lugar?  Aunque han tenido lugar  varios brotes  víricos   que guardan similitud en las últimas décadas,  el COVID19 no es algo que ocurra todas las semanas. 

¿Qué impacto tiene el COVID19? Aun es demasiado pronto para hacer un resumen, pero a fecha de hoy ya podemos afirmar que el COVID19 va a causar miles de muertos en todo el mundo, va a  impactar a la economía mundial en forma de estancamiento o de recesión.   El COVID 19 ya ha dado lugar a la cancelación de multitud de congresos científicos, eventos deportivos, ferias de comercio, el aplazamiento de elecciones en varios países.  El COVID 19 ha  generado el  aislamiento de millones de personas en sus casas, el tele-trabajo y la tele-escuela.

El COVID19 nos obliga a todos a ensayar nuevas formas de trabajar, de vivir, de comprar y de relacionarnos. Es muy probable que, cuando hayamos pasado este desafío,   muchas empresas, organizaciones y gobiernos fomenten con mucha mayor intensidad el tele-trabajo.  La globalización y la política de fronteras más o menos transparentes  serán también cuestionadas.  También es posible, y ciertamente deseable, que la sociedad se prepare para otras crisis similares, dado que  seguiremos estando expuestos a que un brote vírico en una ciudad que no sabíamos que existía acabe llegando en 3 meses al salón de tu casa.  La aldea global también era esto.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Sí hay futuro

Hace unas semanas escuché decir a un estudiante de instituto entrevistado en televisión,  participando en una huelga estudiantil, que la humanidad no tenía futuro  y que por tanto no tenía sentido ir a clase,  ya que allí les preparan para un futuro que no existe.  La idea de que no hay futuro  es muy  peligrosa.  La sociedad funciona bajo la premisa de que hay un futuro.   Es por eso que la gente tiene hijos y los educa,   los agricultores siembran la tierra,  los bancos prestan dinero a 30 años  y los estados  emiten deuda para hacer inversiones.

Hasta donde se remonta mi memoria, siempre ha flotado en el ambiente la amenaza de un Apocalipsis inminente.  En los 80 crecí con los misiles nuclear de la Unión Soviética apuntando a Madrid. Recuerdo que le pedí  a  mi padre que nos fuéramos a vivir a Australia, que de alguna forma estaba menos expuesta a una guerra nuclear global. Cuando terminó la guerra fría, se comenzó a hablar del agujero de la capa de ozono, y luego del efecto 2000.  Aquellos miedos fueron remplazados por otros, como el fin del petróleo,  que Michael Moore fijaba muy convincentemente para la década que ahora termina.   Recuerdo que, allá por 2004,  descarté  aquel pronóstico apocalíptico con el argumento definitivo de que si el Banco de Santander me estaba vendiendo una hipoteca a 30 años es porque tenían claro que la civilización no iba a colapsar antes de que se la pagase.

La nueva urgencia apocalíptica es el cambio climático. Valencia estará inundada en 2100,  el océano se queda sin oxígeno, tendremos episodios de clima extremo, sequías, huracanes e inundaciones.  Nada que no estuviera descrito en la biblia hace dos mil años, cambiando Valencia por Egipto.   Además, los portavoces de este nuevo fin del mundo se dirigen a cualquiera que pueda mostrar escepticismo  en términos parecidos a los que los fanáticos de la biblia lo hacían cuando  tenían un poder que  afortunadamente han perdido.  Al igual que aquellos, estos exigen adhesión inquebrantable a los dogmas, demandan la eliminación del pensamiento crítico  y piden sacrificios. 

A estas alturas del post  es probable que usted lector esté alarmado por el tono de estas líneas, pensando que soy otro chalado negacionista pro-Trump o algo así.   No estoy negando el cambio climático, simplemente estoy proporcionando un contexto y una perspectiva. El contexto es que la cultura occidental vive bajo el síndrome del fin del mundo, quizá por sus raíces cristianas, quizá porque es una expresión colectiva del miedo que todos tenemos como individuos a la muerte.  La perspectiva es que, si no se fue el mundo al garete cuando el mismo aparato político decadente que gestionó Chernobyl   tenía en su poder un arsenal nuclear preparado para destruir el mundo, es poco probable que la subida del nivel del mar, el fin del petróleo y la contaminación  acaben con nosotros.

Yo también estoy contra los negacionismos.   Sería poco inteligente negar el impacto medio ambiental que genera nuestra civilización. Sería igualmente estúpido negar que las soluciones vienen y  vendrán de la tecnología,  y que la propuesta más o menos velada  de algunos extremistas de volver al paleolítico implica una reducción de la población para lo que no se divisan voluntarios. ¿Alguien duda de que, cuando haga falta, desarrollaremos la energía nuclear de fusión, que es prácticamente ilimitada y con impacto ambiental nulo?.  Con energía ilimitada, ¿alguien duda de que podremos fijar el CO2 de la atmósfera, igual que lo hacemos con el N2?  Con los desarrollos en genética, ¿no podremos devolver a la vida a especies extinguidas?.    ¿No podremos extraer minerales de la Luna y de Marte, o incluso desarrollar colonias allí?

Tengo para mí que sí hay futuro, que será brillante, y que todo el jaleo apocalíptico y agorero tiene motivaciones económicas y  políticas obvias,  patrocinado por empresas que saldrán ganando, en detrimento de otras,  claro.  Pero si el lector no se fía de mi palabra,  y cree que estamos abocados al colapso,  que se acerque a un banco a preguntar si siguen dando hipotecas a 30 años.

jueves, 15 de agosto de 2019

Una inversión realista para mitigar cuatro problemas estructurales

En esta entrada quiero hablar de una idea que, con una inversión relativamente modesta,  permitiría mitigar cuatro problemas estructurales que tiene España:  1) Falta de Universidades de élite; 2) fuga de cerebros; 3) la España vaciada;  4) infraestructuras deficitarias.  Además,  mi propuesta  permitiría abordar un quinto problema, reciente pero acuciante:  el desequilibrio entre la oferta y la  alta demanda de estudios en ciencia y tecnológicos, que está provocando una inflación en las notas de acceso a grados como Física y Biotecnología.   Ahora que se está discutiendo una propuesta de poner la sede del Ministerio de Agricultura fuera de Madrid,  quizá sea un buen momento para defender otro tipo de actuaciones.   En lugar de llevar funcionarios, burócratas y políticos de Madrid a  "provincias", opino que quizá  sea mejor   llevar investigadores y estudiantes universitarios.

Mi propuesta sería la siguiente: poner  en marcha de dos o tres   Universidades de élite en zonas relativamente despobladas, pero bien comunicadas.  Su carácter elitista  se concretaría en  cuatro características:
1) Reclutamiento de profesores que tengan  un alto nivel  investigador y con  experiencia internacional
2) Especialización en  áreas estratégicas y con futuro, renunciando al carácter generalista de casi todas las Universidades, y centrándose en la formación de investigadores,  tecnólogos y emprendedores tecnológicos.  Así,  las universidades ofrecerían títulos de Master   en  temas como Neurociencia, Biología molecular, Robótica, Inteligencia Artificial,  Tecnologías Cuánticas, Energías renovables    y   Materiales Avanzados, y los correspondientes grados que proporcionan la formación de entrada en estas áreas (Ciencias, Ingeniería).
3) La admisión de un número reducido de alumnos con alto rendimiento académico, evitando la masificación y   con una dotación de  becas.
4) Docencia en inglés, para atraer alumnado y profesorado internacional

Ciudades pequeñas, como Cuenca,  Segovia y Ciudad Real, todas comunicadas con tren de alta velocidad con Madrid,   podrían acoger Universidades pequeñas, como la prestigiosa Universidad  Caltech (con menos de 2500 estudiantes) .  El éxito de universidades de prestigio como Cornell, Urbana-Urbana Champaigne,  situadas "en mitad de ninguna parte",   a  más de 300 km de grandes ciudades,  debería disipar cualquier duda la viabilidad del triunfo académico en un entorno rural.

¿Qué ventajas tendrían estas ciudades como enclave de las nuevas universidades?.

En primer lugar,  suelo barato para construir un campus,  o incluso instalaciones en desuso, o con un uso obsoleto. En segundo lugar,  el precio  de la vivienda,  la contaminación y el tiempo y el coste de desplazamiento al campus,  son menores  que en grandes ciudades, lo que aumenta el atractivo para atraer profesorado. 

¿De dónde sacamos los profesores?. 

Esta es  la parte fácil: la comunidad científica española cuenta con una enorme bolsa de investigadores de entre 30 y 40 años, con una formación extraordinaria, pero que no encuentran trabajo estable, más allá de puestos post-doctorales, debido a la enorme competitividad del mercado de trabajo científico.  En esto consiste, en buena medida, el problema de la fuga de cerebros.  Las comisiones del programa Ramón y Cajal  pueden dar fe de la calidad de muchos candidatos rechazados.  Por tanto,  los cerebros fugados de España, pero también de Italia, Portugal, Alemania,  proporcionan  una bolsa de candidatos de donde elegir a los mejores. 

¿De dónde sacamos a los alumnos?. 

 De nuevo, fácil.  Las notas de corte para acceder a grados como Física, o Biotecnología,  están en torno al 12 (sobre 14).    Esto refleja una fuerte demanda de este tipo de estudios.  Pero además,  se podrían atraer estudiantes de Asia, donde la demanda de estudios universitarios es gigantesca,  y de América Latina. Con un programa de becas, se puede cubrir el sobre-coste en gastos de alojamiento que supondría el desplazamiento de los estudiantes

¿Cuánto costaría construir los campus?. 

 China hizo una "inversión sin precedentes", en 2015,  de 300M€ para construir un  campus de 120 hectáreas para siete mil estudiantes.   El campus de la Universidad de Alicante tiene 50 hectáreas y 25 mil estudiantes.  Suponiendo que el coste de construcción sea el doble en España que en China, debido al precio de la mano de obra,  y suponiendo que 3 campus de 40 hectáreas cuesten lo mismo que 1 campus de 120,  estaríamos hablando de 600M€  para construir 3 campus nuevos.  El coste promedio de 1km de autovía es de unos 11M€.  La autopista de los viñedos, que une Toledo con Tomelloso, 127 km habrá costado del orden de 1000M€.    Por la mitad de ese dinero, podíamos construir tres universidades como las que describo más arriba.

¿Cuánto costaría el mantenimiento de estas universidades?.  

En la actualidad, el coste real por universitario en España, obtenido de dividir el presupuesto de las Universidades por el número de alumnos, es de unos 10k€ por estudiante y año. En el caso de las Universidades que aquí propongo este coste sería mucho mayor,  supongamos que el doble,  debido  a  3 motivos: 1) la plantilla de profesorado sería más cara que en una Universidad "normal", donde se ahorra mucho usando profesorado "low-cost" (profesores asociados).  2) La economía de escala,   probablemente abarate costes en Universidades mayores 3) La formación en áreas técnicas y  experimentales es más cara: las probetas y los osciloscopios cuestan más que las tizas.    En cualquier caso, suponiendo 3 universidades  2000 estudiantes cada una, estamos hablando de un coste de unos  120M€ por año,  a lo que hay que añadir un sobre coste de 30M€  en  becas de alojamiento para todos los alumnos, a razón de 5k€ al año y  alumno.

¿De dónde sacamos el dinero?.  

  Respondo con una pregunta: ¿alguien tiene la más mínima duda de que se van a acometer fuertes inversiones para abordar el problema de la España vaciada?   Por ejemplo, la ciudad de la cultura de Santiago costó entre 300 y 600 M€, según diversas fuentes.   El aeropuerto de Ciudad Real, 1000M€.   El AVE Zaragoza-Huesca costó 221M€, ya en el año 2003, y a día de hoy esa línea tiene 2 trenes al día.    Con el rescate a Bankia (20.000M€) pagaríamos el mantenimiento de las 3 universidades  descritas en este post durante 120 años (mando un saludo desde aquí a los responsables del agujero de Bankia).

Por si alguien se está entusiasmando con la idea, termino con los problemas que tienen muy difícil solución para llevar a cabo lo que aquí propongo: ¿Podemos poner en marcha universidades como las que describo más arriba con la legislación actual?.  Por ejemplo: ¿cumplirán los cerebros fugados  con los requisitos que pide la ANECA (cientos de horas de clase durante lustros) para ser profesores? ¿Cómo evitamos que las universidades nuevas terminen funcionando como las otras, si están regidas con las mismas normas y con los mismos incentivos? ¿Podríamos atraer profesorado senior con talento, para liderar la creación de los departamentos, con las escalas salariales de las universidades españolas?  ¿Cómo reaccionarían las universidades "normales" ante la creación de rivales con prestigio y con más financiación?  La última: ¿tienen los políticos de 2019 la capacidad para liderar un proyecto de esta naturaleza y ponerlo en manos de personal cualificado, y no en manos de apparátchik poco cualificados?



miércoles, 31 de julio de 2019

Bedeles en 2019

Son las 11 de la mañana de un día de semana de final de Julio. Entro por uno de los varios edificios de la Facultad de Ciencias.  Las clases han terminado hace mucho, y el campus está medio vacío. En la puerta de la Facultad hay una garita con vidriera, dentro de la cual dos adultos miran aburridos una pantalla de ordenador. Paso por la puerta sin identificarme. No me miran.   Son dos de los bedeles de la Facultad.  Otros días hay tres.   Calculo que hay otros 25 edificios igual, con otras tantas garitas, con otros tantos bedeles aburridos.  ¿Habrá 50 bedeles aburridos, repartidos por el campus?. En el turno de tarde habrá otros tantos.   Eso son 100 bedeles.   Parecen muchos, pero recuerdo todavía una convocatoria de 144 plazas de bedel, de una tacada. 

¿Qué hacen los bedeles?.   Custodian llaves de aulas.   Ocasionalmente proporcionan material para las aulas.  Suben el correo de papel,  varias veces al día a los departamentos.   ¿Se encargan de la seguridad?. No, para eso la Universidad tiene  una contrata privada ¿Se encargan del mantenimiento?. No, para eso se contrata un servicio de mantenimiento. ¿Se encargan de la limpieza?.  No, para eso se contrata a una empresa externa  de limpieza.     ¿He visto alguna vez una fila de gente esperando más de 1 minuto  a ser atendido por un bedel?. Nunca.  

En España tenemos 50 universidades, y esta que os cuento es otra más, todas se parecen. ¿Hay 5000 bedeles en las Universidades Españolas?. ¿Es la plantilla de bedeles de las universidades públicas españolas más extensa que la de investigadores del CSIC? ¿Hay más bedeles que contratados Ramón y Cajal? ¿Hay más bedeles que contratados pre-doctorales de investigación FPU?   ¿Tiene sentido tener un ejército de bedeles aburridos en las puertas de las Universidades, mientras falta dinero para profesorado?  ¿Tiene sentido tener gente custodiando llaves y moviendo correo de papel en 2019?  The answer, my friend, is blowing in the wind.