lunes, 17 de agosto de 2020

Científicos contra cuñados: ¿van ganando los cuñados?

La historia reciente de la humanidad está condicionada por una guerra sin cuartel entre dos visiones   irreconcilables. Por un lado, está el método científico, que ha hecho posible   la energía eléctrica, las máquinas,  trenes, coches, aviones,  la electrónica, los ordenadores,  internet, la anestesia, las vacunas, los antibióticos,  los anticonceptivos,  los análisis genéticos, la cirugía laser, los audífonos, el marcapasos, los viajes espaciales, el GPS, los teléfonos móviles y todas las maravillas que hacen tan diferente nuestra época de la de nuestros antepasados.   En el bando opuesto se sitúa una coalición heterogénea de charlatanes, iluminados,  timadores y autoproclamados portavoces  de Dios en la tierra.   El bando anti-ciencia tiene también una larga lista de aportaciones a la humanidad, como el horóscopo, la acupuntura,  la homeopatía,  las piedras curativas, la quiromancia, los viajes astrales,  la abstinencia como  anticonceptivo, las rogativas y el terraplanismo.   

Durante casi toda la historia la ciencia prácticamente no existía, y lo que ahora podemos llamar  bando anti-ciencia era el claro ganador de la guerra.  Afortunadamente,  en los últimos siglos esta situación se ha invertido. En occidente, el cristianismo no intenta imponer la visión del universo plasmada en la biblia, y salvo en algunos temas espinosos y alguna excepción estruendosa, suele limitar su ámbito de actuación a lo espiritual y a aspectos éticos.  Así, el papa no suele opinar sobre la edad del universo, el big bang o las mínimas diferencias genéticas entre un humano y un chimpancé. El claro retroceso de la religión dominante ha dejado un espacio vacío que ha sido remplazado  no solo por el racionalismo y la ilustración sino también por una amalgama de creencias que, a diferencia del catolicismo,  están en alza y sí que salen a  combatir a campo abierto contra el bando científico: terraplanistas, anti-vacunas, homeópatas  y un amplio espectro de conspiranoicos anti-tecnología.  Como escuché alguna vez, hemos dejado de creer en Dios para creer en cualquier estupidez. 

Es aquí donde entran en escena los cuñados (léase cuñaos), también  conocidos como   listillos o  enterados (léase enteraos).   Gracias a la invención y adopción masiva de las redes sociales, los cuñaos se han convertido en un poderoso aliado  de la coalición anti-ciencia.  Un cuñao  es la antítesis perfecta de un científico.  El científico es un experto especializado en un campo de investigación específico. Así, un experto  en matemáticas financieras no  tiene  ni idea sobre  el funcionamiento de una central nuclear, o sobre cirugía torácica o la química de los fertilizantes, y una larga lista de campos de conocimiento que tienen una influencia enorme en nuestra calidad de vida.   

El científico debería ser, por definición,  dubitativo. El método científico permite establecer si una  afirmación es falsa, pero, por contra, no permite establecer que algo es cierto para siempre: cualquier teoría compatible con todos los hechos puede requerir un ajuste, o incluso una reforma radical, si un experimento nuevo no puede ser explicado con dicha teoría.   

Por contra, el cuñao es un todo-terreno que sabe de cualquier tema, opina de cualquier cosa, y tiene muy pocas dudas.  Los científicos usamos un lenguaje complicado, en nuestro afán de ser precisos. Los cuñaos hablan claro.  Los científicos necesitamos meses, o incluso años, de trabajo sofisticado, con experimentos, análisis y revisiones, para llegar a alguna conclusión.  Los cuñaos  sacan conclusiones en 10 minutos, después de ven en diagonal un par de vídeos en youtube.  

Los científicos se deben a la verdad, que a menudo es incómoda, compleja y desafía nuestros creencias.  El cuñao  tiene las cosas claras, y no lo va liando todo. El científico debe reajustar sus convicciones a medida que acumula nueva información. El cuñao  elige fragmentos de la realidad para reafirmar  sus convicciones. 

En mi círculo personal he conocido   cuñaos que no usan Mistol porque es cancerígeno,   que usan homeopatía porque   "les funciona",  cuñaos contra los transgénicos, cuñaos terraplanistas, cuñaos que le preguntan a todo el mundo su signo zodiacal, cuñaos convencidos de que podían eliminar una verruga mediante la oración a cambio de la donación de un garbanzo,  cuñaos que sostienen que el cáncer se cura con zumo de naranja, cuñaos preocupados por el efecto cancerígeno de las ondas electromagnéticas del móvil, de las líneas de alta tensión y de las antenas de telefonía móvil, cuñaos anti-transgénicos  y, no podían faltar,  cuñaos anti-vacunas.  

Por supuesto,  casi todos somos un poco cuñaos a tiempo parcial, y nos la pueden meter doblada en algún aspecto puntual. El problema es grave cuando el cuñadismo va acompañado de una visión conspiranoica del mundo y da lugar a una militancia activa, en forma de boicot a las vacunas,  a las mascarillas,  y lo que es peor, de consumo de productos milagro para combatir el cáncer,  la COVID19 o la obesidad, recetados por charlatanes y timadores.  A corto plazo, los cuñaos conspiranoicos son  un problema de salud pública. A medio plazo, si siguen ganando terreno, pueden llegar a influir en el contenido de los programas educativos, como ya ocurre en algunos estados en USA. 

Para un científico, la pandemia del COVID se debe, probablemente,  al salto de un virus presente en murciélagos o pangolines a humanos.  Se trata de un accidente, que no ha planeado nadie, igual que el big-bang dio lugar al universo, o la evolución dio lugar a Miguel Bosé: por una larguísima serie de  eventos fortuitos.     En cambio,  los cuñaos conspiranoicos   tienen   totalmente claro   que la pandemia del COVID la han planeado  los chinos para hundir la economía occidental o Bill Gates, Soros y los masones para imponer un plan de vacunación que no es más que una trampa para implantarnos chips de control mental usando la tecnología 5G, o incluso Bill Gates y los chinos para lograr ambos objetivos a la vez.

Es éste el punto donde radica la gran diferencia entre científicos y conspiranoicos. Para los primeros, la combinación de  azar y complejidad  son los ingenieros involuntarios  del universo. Para los segundos, todo es obra de un ser creador con un plan.  El gran maestro puede ser dios, si se trata del universo, o Bill Gates y George Soros  si se trata de una pandemia.  

Pero, volviendo al título de esta entrada: ¿Quién va ganando la guerra?.    Voy a ser un poco cuñao, y hablaré a bulto: tengo la impresión de que los malos están recuperando terreno, algo  que hace una década tenían complemente imposible.  Los cuñaos conspiranoicos cuentan con varios factores a su favor. Primero,  su relato es a menudo más sencillo.  Segundo: su relato se adapta a las creencias y sentimientos de la audiencia y le  proporciona un enemigo  (China, Bill Gates, las grandes corporaciones).  Tercero: su relato viaja a toda velocidad por las redes sociales, y se adapta perfectamente  a ese formato.  Cuarto:  la mayoría de la gente no entiende  la tecnología, con lo que  barrera entre lo posible y lo imposible está completamente difuminada para ellos, lo que abona el terreno para todo tipo de majaderías, como que el 5G va a controlar la mente de la gente a través de chips implantados en el proceso de vacunación contra el COVID19. 

La visión conspiranoica del mundo se ve reforzada por el hecho de que, en ocasiones,  gobiernos, científicos  y grandes corporaciones   mienten, conspiran y  se equivocan.   Varios gobiernos mintieron al respecto de la calidad de la información que tenían sobre las armas de destrucción masiva en Iraq en 2003. Nuestro gobierno nos mintió con respecto a la utilidad de las mascarillas en 2020, que eran potencialmente peligrosas en Marzo y son obligatorias desde Julio.  Volkswagen mintió en el fraude de las emisiones.  Los científicos mienten a veces y se equivocan  muy frecuentemente.  Los científicos han "conspirado" para producir armas de destrucción masiva, como las bombas atómicas.  En ciertos ámbitos, como la industria alimenticia o la farmacéutica, los intereses económicos condicionan el trabajo de los científicos. 

La manifestación de ayer en Madrid  refuerza mis temores sobre la emergencia del  cuñadismo conspiranoico.   Las teorías de la conspiración  son como vertidos tóxicos en el ecosistema de las ideas.  A diferencia de los vertidos en el mundo físico, no se pueden  prohibir  sin limitar la libertad de expresión.  Por tanto, se hace necesario limpiar dichos vertidos.  Lo que no tengo claro es cómo. ¿Callamos amablemente cuando alguien suelta una magufada o nos convertimos en el repelente niño Vicente que va dando lecciones a los cuñaos? ¿Deben implicarse en esta lucha contra las teorías conspiranóicas las socidades científicas?  ¿Cómo hacemos frente a las acusaciones de estar en el ajo de las conspiraciones?  En cualquier caso, la moraleja de esta entrada es que haríamos bien en estudiar este fenómeno y en no tomárnoslo a cachondeo.



sábado, 8 de agosto de 2020

¿Qué aprendemos de los terraplanistas?

El terraplanismo es una creencia  sobre la forma de nuestro planeta que contradice la evidencia científica e implica la existencia de una gran conspiración que incluye a la NASA, al mundo académico,  a los medios de comunicación,  a los productores de cine, a Google, a  la tecnología GPS,  a las compañías de teléfonos móviles, a  editores y autores de libros de texto y a cualquier otro medio que adopte el punto de vista aceptado de que  la tierra es, en realidad, casi esférica.   

La reacción de la inmensa mayoría de la gente educada ante su primer encuentro con un terraplanista es de estupor e incredulidad.    Tras más de un año intercambiando mensajes  con un terraplanista que forma parte de mi  entorno personal,  esta entrada es un intento de ir más allá y de  extraer algunas enseñanzas  del estrepitoso fracaso que supone que, en pleno siglo XXI, gente viajada, educada e inteligente pueda ser engañada de forma tan lamentable. 

La primera lección extraída de las surrealistas discusiones con mi terraplanista   es que la forma en la que nos enseñan que la tierra es una esfera no es diferente de la que se usaría para enseñar que la tierra es plana: como un dogma de fe.   La tierra es esférica porque sí, o por las fotos desde el espacio.   En el momento en el que un interlocutor terraplanista usa el comodín de la conspiración para refutar fotos y libros de texto y  nos despoja de argumentos obtenidos por terceras personas, el arsenal disponible para refutar el terraplanismo se reduce. En el colegio no te enseñan a constatar por ti mismo la naturaleza esférica de la tierra, se limitan a inculcarte que esto es así.  Por ello, haríamos bien en revisar la forma en la que abordamos estos temas, haciendo más énfasis en el método científico y menos en asegurarnos que los alumnos adoptan un punto de vista por el mero hecho de ser el aceptado por la comunidad.  Como decía Sagan,  "la ciencia es algo más que un cuerpo de conocimiento, es una forma de pensar"

El ejercicio cartesiano de rebatir a un terraplanista sin invocar ni argumentos de autoridad ni información obtenida por otros me ha obligado a aprender un montón de cosas. Por ejemplo, ¿cómo es posible que se pueda ver  Mallorca desde algunos puntos elevados de la Costa Brava, algo geométricamente imposible si la luz se propaga en línea recta y aceptamos el modelo esférico convencional?. Resulta que, debido a la variación del índice de refracción asociada al cambio de la  humedad del aíre con la altura,  la atmósfera curva los rayos de luz, haciendo así visibles accidentes geográficos que estarían ocultos por la curvatura de la tierra. El fenómeno ocurre fundamentalmente encima de grandes superficies de agua.  También he aprendido que  desde un avión no se puede apreciar la curvatura de la tierra, y que  las fotos a menudo curvan rectas y aplanan curvas.  He aprendido tres formas de comprobar que la tierra es esférica, que quizá me anime a publicar en otra entrada.

Sin embargo, todo esto es anecdótico comparado con la terrible lección que nos enseñan los terraplanistas:  existe una parte de la población que puede creer intensamente cualquier cosa,  contra  toda evidencia y contra lo que ellos llaman "el sistema".  La capacidad de un terraplanista de eludir argumentos que desafían su visión para reafirmarse en convicciones propias es colosal. 

Aunque tomado a la ligera  esto del terraplanismo da para muchas risas, hay un aspecto muy inquietante que dejo para el final. El terraplanismo  es la manifestación más llamativa del  movimiento anti-ciencia y conspiranoico,  que cuenta con la complicidad y el empuje de fanáticos religiosos y  de destacados políticos populistas, y que supone un negocio para timadores sin escrúpulos que convierten en dinero,  a través de youtube y otras redes sociales,  las  visitas y descargas de sus seguidores y la venta de productos milagro. El terraplanismo no es únicamente una creencia sobre la forma de la tierra. Es, sobre todo, una creencia sobre la organización de la sociedad, según la cual  una élite  con un poder ilimitado y  un plan perverso para crear un gobierno mundial,  diezmar a la población y controlar a las masas. Es éste el marco mental  en el que hay que situar al movimiento anti-ciencia en general, y al movimiento anti-vacunas en particular, mucho más numeroso que el terraplanista.  No es necesario explicar el problema que el movimiento anti-vacunas puede suponer, ahora que la esperanza  de volver a la vieja normalidad pasa por un programa de vacunación masiva contra la COVID19,  suponiendo que se encuentre una vacuna eficaz. 




lunes, 11 de mayo de 2020

Carta abierta a los estudiantes españoles

Querido estudiante español,

espero que esta carta te encuentre bien de salud,  y tomando todas las medidas necesarias para evitar la propagación de la pandemia.   Te escribo para darte muy malas noticias y, encima,  consejos que no me has pedido, con lo que no espero un recibimiento caluroso.

Te  diré a bocajarro dos pésimas noticias, que eran verdad antes de lo del COVID:
1) Tienes que pagar una deuda de unos 50.000 euros  para hacer frente a gastos que el Estado ya ha realizado
2) Si se mantienen la situación demográfica y  la productividad actual, el  esquema actual de pensiones es inviable, y cuando tú te jubiles vas a cobrar muy poco.

Spoiler: esto tiene solución, pero antes sigue leyendo, que te tengo que explicar las malas noticias.

Vamos con la deuda de 50 mil euros.  En 2019, antes del COVID, la deuda contraída por el Estado Español era de más de 1.188.862 millones de euros.  O sea, más de un millón de millones de euros. ¿Y a ti qué?.   Bueno, una parte de esta deuda la vas a pagar tú.  Esa deuda solo se puede pagar a través de los ingresos que genera el Estado, que en su gigantesca mayoría, provienen de impuestos. 

¿Y cuánto te toca a ti? Si divides ese billón y pico  entre 45 millones de españoles, te tocan unos 24000 euros.   Pero claro, hemos dividido mal. Si miras a tu alrededor verás que la mitad de la población no trabaja,  son gente mayor, niños,  discapacitados y desempleados.   La población activa en España es de menos de 20 millones de personas. Por tanto, cuando estés trabajando,  tus ingresos tendrán que pagar tu cuota de esa deuda y la cuota de la otra mitad.  Por tanto, vas a tener que pagar una cantidad del orden de 50.000 euros solo para hacer frente a deuda pública del pasado

Ahora te explico lo de las pensiones. Todos los trabajadores de España  dedican una parte de su sueldo a pagar la cuota de la Seguridad Social.  Es una parte importante, en torno al 30% del coste salarial total.  Parte de ese dinero entra en la "caja" de la cual se pagan las pensiones.    Bien,  debido a la gran cantidad de pensionistas y lo modesto de los sueldos de los trabajadores,  desde hace ya 4 o 5 años en esa caja  sale más dinero del que entra, con lo que ya está casi vacía,  y de hecho el Estado está transfiriendo dinero a esa caja del presupuesto general que se financia con impuestos.  Dramatizando:  el esquema de las pensiones en España es  como un timo piramidal y tú has llegado de los últimos.

Si has llegado hasta aquí, es probable que estés muy enfadado y contemplando con agrado ciertas "soluciones mágicas" que se escuchan con frecuencia, desde babor y estribor.  Lo siento, pero la siguientes medidas NO van a arreglar el problema. Algunas podrían paliarlo, pero  otras serían directamente contraproducentes:
  • No se puede "no pagar la deuda". La deuda hay que pagarla, porque si no lo hacemos, no nos prestan más dinero y colapsamos: el Estado no podría pagar las nóminas de millones de pensionistas, médicos, profesores, militares, policías.  
  • No, la deuda y las pensiones  no se pueden pagar "aumentándole los impuestos a los ricos".  No tenemos muchos ricos   y ya pagan bastante impuestos. Muchos son ricos porque han creado grupos empresariales que dan empleo a centenares de miles de personas.  Si les freímos a impuestos igual se van a otro país.  No queremos ser un  "paraíso fiscal" pero tampoco un  "infierno fiscal".
  • No, la deuda y las pensiones no se podrían pagar reduciendo el presupuesto de Defensa. El estado dedica ya menos  del 2% del presupuesto esa partida.  Si usáramos la totalidad de esa partida para pagar la deuda,  tardaríamos  más de 100  años. El presupuesto de Defensa no cubre ni   una quinceava parte del gasto anual en pensiones
  • No, la deuda y las pensiones  no se van a pagar quitando la monarquía. El presupuesto de la Casa Real es de unos 8 millones de euros,  una gota en el océano de cuatrocientos setenta y dos mil millones de los presupuestos generales del Estado.   O sea, el 0.001%. Las elecciones suelen costar unos 200 millones, con lo que una república no te iba a ahorrar nada, nos iba a costar más. 
  • No, la deuda y las pensiones no se van a pagar reduciendo la ayuda exterior, gastamos en eso menos que en Defensa
  • No, la deuda y las pensiones no se van a pagar reduciendo el número de políticos.  Es verdad que hay  miles de diputados (nacionales, autonómicos)  ministros, consejeros,  directores generales, asesores.  Se puede ser más austero, pero el sueldo de esa gente es  una vaso de agua en la piscina del gasto en pensiones y nóminas de médicos, profesores, policías (mi forma de decir funcionarios sin que imagines a un tipo antipático y ocioso al otro lado de una ventanilla). 
  • No, la deuda  y las pensiones  no se van a pagar "quitando la comunidades autónomas".  La parte del león de su presupuesto se usa para Educación y Sanidad.   Podrían gastar menos en "chiringuitos" y  canales autonómicos que no ve nadie, y esto aliviaría un poco el problema, pero no lo resolvería.   
 Entonces, ¿qué diablos podemos hacer?.    La respuesta es "hay que mejorar la productividad".   O sea, tenemos que lograr generar más riqueza trabajando el mismo número de horas. Esto nos llevará a sueldos más altos,  que hagan sostenible el sistema de pensiones y aumenten la recaudación fiscal sin subir los impuestos.  Y  esto,  ¿cómo se consigue? .    Hay profesiones en las que es muy difícil. Por ejemplo, un camarero no puede poner muchos más cafés, o más cervezas, de las que ya pone.   En cambio,  hay profesiones en las que la tecnología puede aumentar la productividad de forma radical.

Te pongo un ejemplo.  La comunidad valenciana envía cada día unos 5000 servicios de  ambulancia  a atender pacientes a domicilio.  Esto supone miles de horas de trabajo de los empleados, más el gasto en combustible. La asignación de rutas y recorridos de, digamos, 500 ambulancias para hacer esos 5000 servicios es un problema muy complejo.    El número de formas de asignar 500 ambulancias a 5000 servicios debe ser comparable al número de estrellas en el universo. No tenemos un método de encontrar la solución óptima, con lo que hay mucho margen para mejorar. Este tipo de problemas de optimización,  afectan  a Amazon, Ryanair, Seur.   Hablamos de miles de millones de euros en recursos. Si  usamos técnicas de inteligencia artificial y de computación cuántica podríamos lograr  optimizar mejor esos problemas de logística y... ser más productivos.

El desarrollo de la informática personal ha permitido mecanizar y automatizar tareas repetitivas y monótonas. La robótica hará lo mismo.  Otro ámbito que puede mejorar la productividad es el desafío energético.  Tenemos que encontrar formas más ecológicas y sostenibles de obtener energía. Esto va a requerir mucha investigación: muchas matemáticas, química, física e informática.  Y para eso habrá que trabajar y colaborar con millones de informáticos, científicos e ingenieros en todo el mundo, lo que únicamente podrás hacer hablando inglés.

Si has llegado hasta aquí te darás cuenta lo poquísimo que importa que te saques la carrera copiando, o con aprobado general.  Si tu plan de vida es que te regalen el título para ir a trabajar sin preocuparte de cómo vas  a aumentar mucho tu productividad,  no vas a ayudar a achicar agua del barco que te transporta y que corre riesgo de hundirse.   Además,   por lo general, los trabajos poco productivos están mal retribuidos. Ponte a aprender a programar ordenadores, a aprender inglés, y  ponte a pensar en cómo mejorar la forma en la que se trabaja. Ponte a pensar en cómo resolver los problemas del mundo a través de la ciencia, la tecnología, la creatividad y el ingenio.

Finalmente, si te estás preguntando que por qué no estamos todo el día hablando de esto,   citaré la frase de un influyente asesor político: "Las 3 emociones con las que se juega en campaña son: el miedo, el rechazo y la esperanza".  Por eso, te están llenando los oídos de miedo y rechazo, con la idea de que la culpa de  tus problemas la tienen otros:  los ricos, los extranjeros, los de otras regiones, otros países, otras religiones o  los de que no visten como tú.  Si tuviéramos a Churchill, quizá te prometería esperanza, a cambio de sangre, sudor y lágrimas.   Igual Churchill te diría  que "tienes que estudiar más, tienes que aprender a ser productivo para  pagar la deuda y hacer sostenible el sistema de pensiones".

Termino: no sientas lástima por ti mismo, tus abuelos lo tuvieron mucho peor que tú.  La generación de ancianos que está siendo masacrada por el COVID, nació en los años de la guerra civil,  fueron niños durante una guerra mundial, jóvenes en la España pobre y sin libertad de los 50 y los 60,  se dejaron la piel para convertir a España en un país moderno y pujante,  en el que dejamos de hablar de botijos y empezamos a hablar del AVE,  los juegos olímpicos.  Esa gente ha sufrido,  ya en la época próspera, la crisis del petróleo en los 70, la del 93 y la megacrisis del 2008.   Llegaron ya mayores  a los video juegos,  internet,   Netflix, los móviles.  Ahora, para remate, les toca vivir el final de sus días con la congoja del  COVID, que a ti no te va a afectar.

sábado, 28 de marzo de 2020

Políticos, periodistas, científicos y "la ciencia".

La crisis del  COVID19  ha puesto en el centro del escenario a este trío heterogéneo que formamos científicos, periodistas y políticos, y esas palabras en boca de todos, "la ciencia".   Hace ya algún tiempo me vino a la cabeza que periodistas  y científicos no podemos ser más diferentes.  En general, un científico está obsesionado con la verdad, es experto en un tema muy específico, y tras trabajar meses, o incluso años en un tema, escribe un artículo con un lenguaje obscuro que únicamente leen expertos y que sacrifica la estética en aras de la precisión.  Un periodista está obsesionado con atraer lectores,  trata una gama amplísima de temas lo que le impide profundizar, y tiene que escribir un artículos con mucha frecuencia, sacrificando precisión en favor de la narrativa.

¿Cómo encajan los políticos en este esquema?   Cuando yo era joven,  había muchas personas que habían abandonado temporalmente su profesión para meterse en política. Gentes con oficio y beneficio que durante unos años arrimaban el hombro, aportaban su conocimiento, y se beneficiaban de las indudables ventajas de la profesión.  Ahora muchos  de nuestros políticos no saben hacer otra cosa que ser político, y esto se reduce al arte de no perder su trabajo, ya que de pederlo no tendrían donde caerse muertos, o volverían a puestos de funcionario mucho peor retribuidos.

Los políticos deberían  poder conservar su trabajo si lo hacen bien.  Hace unos años eso era relativamente sencillo. En un país con pocas carreteras, pocos hospitales, pocas universidades y pocos aeropuertos, cualquiera de esas inversiones era una apuesta segura para desarrollar el país.  En algún momento,  hace 15 o 20 años,   dejó de ser una verdad automática que  en España cualquier inversión fuera una mejora. Así  proliferaron  rotondas, auditorios de música imposibles de llenar,  líneas de alta velocidad sin trenes,   parques científicos fantasma e incluso aparecieron aeropuertos de uso peatonal.

El ingenio humano no tiene límite y los políticos descubrieron que también podrían conservar su trabajo simplemente si convencen a la gente de que lo hacen bien, aunque lo hagan bastante mal.  En ese esquema,  es esencial que los  periodistas, que son los que le cuentan a la gente cómo van las cosas, cooperen en la estafa.   Esto no lo hacen por que sean  espontáneamente  mala gente, sino por   supervivencia: son  los políticos los que condicionan y determinan las fuentes de ingresos de los medios,  a través de publicidad institucional,  las regulaciones legales y la concesión de licencias.

La manipulación llega lejos, pero tiene un límite. Ya vimos que cuando las cosas van tan mal que tienes 6 millones de parados, le bajas el sueldo a 4 millones de funcionarios y le congelas la paga  a 8 millones de pensionistas,  no hay relato que valga y te vas a la calle.   Supongo que nuestros políticos estarán preocupados por cómo se va a tomar la sociedad española que seamos uno de los dos o tres países del mundo con más muertos por la COVID19.   El espectáculo de ver todos los medios alineados con la agenda de los políticos de uno y otro bando es realmente incompatible con la idea de que esos medios están preocupados por investigar e informar.  En palabras del tuitero  @JosudeMiguel1, tenemos un sistema comunicativo que "no informa, sino que relata. Que no investiga, sino que asevera. Que no fiscaliza, sino que participa del poder".

Es en este contexto donde los científicos, elevados a una posición que en su momento ocupó la Iglesia, nos hemos convertido en los nuevos  chamanes de la tribu.  Se me ponen los pelos como escarpias cada vez que escucho la frase "lo dice la ciencia".      Queridos lectores: "la ciencia" no existe.  Existimos los científicos y el método científico. Este último es la gran aportación a la historia de la humanidad: el uso de experimentos, observaciones  y deducciones matemáticas  para intentar distinguir  entre lo verdadero y lo falso.

A pesar de todo el brillo del método científico  y  el progreso que nos ha traído,  cuando salimos a un plató de televisión,   o en redes sociales,   nos podemos fiar de los científicos en la misma medida en la que te puedes fiar de políticos y  periodistas.   Aunque muchos somos funcionarios y no tememos por nuestro puesto de trabajo,   nuestra capacidad de desarrollar nuestra pasión por investigar depende en exclusiva de que tengamos  financiación  para ello. Y ésta  es, por regla general,  de origen público, y por tanto está en manos de los políticos.  O sea, que los científicos  tenemos incentivos perversos,  igual que políticos y periodistas.

Por tanto, cuando en los próximos meses salgan  científicos a apuntalar la versión que encaje en la agenda de los políticos, desconfiad de ellos tanto como desconfiáis de políticos y periodistas.  Preguntad  si  esos científicos están   informando, y no relatando,  si están  investigando, y no aseverando,  y si están  fiscalizando al poder, o si por el contrario, forman  parte de él.

viernes, 20 de marzo de 2020

Organismo de prevención y gestión de catástrofes

En esta entrada quiero esbozar una serie de medidas que creo que todos los países deberían adoptar para mitigar el efecto de futuros brotes epidémicos.  La lógica de todo lo que viene a continuación es la misma que motiva  que todos los países disponen de un Ministerio de Defensa, un ejército y un presupuesto militar, para estar preparados para una eventual conflicto bélico que, afortunadamente, no ocurre casi nunca.

Vaya por delante que no tengo experiencia en nada de lo que aquí propongo,  y que mi especialidad es la física teórica. Seguro que hay gente más cualificada. Me atrevo a escribir estas líneas viendo lo bajo que está el listón y lo rematadamente mal que han hecho las cosas. Estas son mis propuestas, seguro que se pueden mejorar:
  1.  Creación de un organismo, con rango ministerial o de  Secretaría de Estado,  que se encargue de la prevención y la gestión de catástrofes. El organismo de prevención y gestión de catástrofes (OPGC)   tendrá competencias exclusivas,  sin transferir competencias a las CCAA, para asegurar la unidad de acción y para implementar  todas las medidas que se enumeran a continuación. La exclusividad permitirá además evitar la duplicidad o multiplicidad del gasto sin sacar nada a cambio: tener 17 consejerías de sanidad no nos ha valido de gran cosa para tomar a tiempo medidas contra  el COVID19.
  2. Creación y gestión por parte del OPGC  de un arsenal de emergencia, es decir de un stock de material sanitario (equipos de protección integral, material desinfectante), distribuido en varios depósitos a lo largo del territorio nacional, y debidamente custodiado (quizá en las instalaciones del ejército).  La   previsiones legales relativas a  este arsenal serán la misma que las del arsenal militar.
  3. Creación de un cuerpo de reservistas médicos y personal sanitario, constituido por todo el personal sanitario en activo, el personal sanitario en formación (a partir de 3 or 4 año de grado), y personal retirado menor de 75  años. El OPGC mantendrá una base de datos actualizada que permitirá la rápida movilización de este cuerpo de reservistas.
  4. El OPGC  emitirá con carácter mensual un informe sobre el nivel de seguridad mundial, teniendo en cuenta la existencia de brotes epidémicos y su evolución. Este informe será elevado al Consejo de Ministros, a la Unión Europea, a los países limítrofes,  y a todas las comunidades autónomas, que deberán responder con un acuse de recibo firmado por los gobiernos en pleno. Este acuse de recibo será publicado en la web del OPGC. Así, los responsables políticos no podrán aducir ignorancia.
  5. El informe  mensual  del OPGC tendrá una parte de carácter no confidencial que será publicada en la web del organismo y enviada a todos los medios de comunicación, estableciendo niveles de alerta, de forma parecida al protocolo existente con alertas terroristas. Así, los medios de comunicación no podrán decir que "no podíamos saber". 
  6. La red de hospitales y centros de salud públicos y privados reportará al OPGC de forma periódica (¿anual?) sobre la disponibilidad de camas y de unidades de cuidados intensivos. Así, el OPGC dispondrá de información actualizada de la capacidad de respuesta y de su distribución geográfica. 
  7. Cuando el OPGC establezca un nivel de alerta alto, el gobierno implementará el correspondiente Estado de Alarma, siguiendo para ello la legislación vigente, y con  las debidas garantías que  impidan que se coarten  los derechos individuales de forma injustificada.
  8. Redacción de una Ley de Alertas que permita, con las debidas garantías, la implementación eficaz del aislamiento de la población. Esto incluirá el uso obligatorio de teléfonos móviles con herramientas de geolocalización y toma de temperatura, y la creación de herramientas de inteligencia artificial para el análisis masivo de datos que permitan combatir una epidemia letal.
  9. Obligatoriedad de incluir  geo-localizadores en coches y motos, y su activación obligatoria cuando entre en vigor el Estado de Alarma.  A mí me asusta el Gran Hermano más que a nadie, pero me da más miedo que estemos expuestos a pandemias y que mi vida sea amenazada por el individualismo garrulo y la ignorancia rampante de los más tontos de la clase.  
  10. El OPGC establecerá una  jerarquía de niveles de alerta que regulan la prohibición automática, implementada en una ley de carácter estatal a tal efecto,  de eventos que reúnan a un número determinado de personas.
  11. Se establecerán sanciones , incluyendo privación de libertad y fuertes multas,  a los infractores de las medidas que el OPGC establezca, y que queden recogidas en la legislación que se habrá de redactar a tal efecto.
  12. Todos las instituciones públicas y todas las empresas con más de 50 empleados deberán elaborar un plan de contingencia en caso de catástrofe, dar formación a sus empleados, y tener un stock de material de protección propio, debidamente inventariado por el OPGC y activar el tele-trabajo.
  13. Todas las CCAA deberán desarrollar un plan de contingencia para impartir clases on-line en caso de cierre de centros educativos.  Este plan debería incluir el uso de canales de televisión  online para impartir clases.
  14. Se incluirá en los planes de estudios de  educación conceptos básicos de higiene personal, epidemias, contagios,  uso de mascarillas y guantes, y toda la jerga que estamos aprendiendo estos días, muy a nuestro pesar.
  15. Se destinará, por ley, un 5% de cada euro empleado en inversiones en Defensa a la investigación  científica en temas relacionados con epidemias, gestión de catástrofes, y  temas afines. Un 5% parece poco, pero es que Defensa invirtió  más de 2800 millones de euros en 2018.    Si le inyectan un 5% de eso, o sea,  140M€ al I+D español,  les aseguro que lo vamos a notar. 
El coste económico de todas estas medidas es relativamente barato, sobre todo si lo comparamos con el paquete de doscientos mil millones de euros que acaba de aprobar el gobierno. El carácter excepcional de las crisis, que con la debida prevención podrían evitarse completamente si se toman medidas a tiempo,  hacen asumible la limitación temporal y justificada de ciertas libertades. 

Por supuesto, escribo estas líneas con la ventaja enorme de conocer las consecuencias dramáticas de lo que ahora nos parece una imprevisión inaceptable. Precisamente porque ahora sabemos, es necesario adoptar políticas que impidan que se repita el infierno por el que están pasando  nuestro personal sanitario,  nuestros ancianos y personas vulnerables, cajeros de supermercados y de bancos,  soldados, policías y    limpiadores.

El crecimiento de la población y la  rápida interconexión  de todo el planeta, a través del intercambio de viajeros y mercancías,  hacen previsible que brotes víricos parecidos puedan volver a repetirse. Hay que estar preparados.  Ya lo decía Bill Gates hace 5 años, y no le hicimos ni caso. 

martes, 17 de marzo de 2020

El COVID19 como cisne negro.

Retomo el blog para intentar sacar algo bueno de la espantosa situación que está generando el COVID19.  Alguien dijo que nunca nada es un fracaso absoluto ya que siempre puede ser utilizado como contraejemplo. En este post pretendo usar el COVID19 para  ilustrar el concepto de "cisne negro", propuesto por el pensador Nassim Taleb en su obra homónima de 2007  como un ingrediente esencial para entender la vida, la historia y los mercados financieros.

Según Taleb un cisne negro es un hecho altamente improbable,  que es incluso considerado imposible, y que cuanto finalmente tiene lugar, trastoca de forma irreversible y dramática el estado del sistema en el que tiene lugar.  Ejemplos de cisnes negros sería la emergencia de la vida en la tierra, o más recientemente, los atentados del 11S de 2001 en  los EEUU,  o  el comienzo de la primera Guerra Mundial, o el crack de la bola de 1929.  No todos los cisnes negros son de carácter negativo.  Por ejemplo,  descubrimiento del grafeno, contravenía uno de los dogmas de la ciencia de materiales, la inexistencia de materiales bidimensionales.

El origen de la expresión  es el siguiente.  Hasta el primer avistamiento de un cisne de color negro por  parte de un europeo, todos los cisnes eran blancos.  Bastó un simple hecho,  considerado imposible hasta ese momento, para cambiar radicalmente la concepción sobre ese tema. En general, los ejemplos de cisne negro tienen consecuencias con mucho más calado que un mero cambio en nuestros conocimientos de zoología.


Volviendo al COVID19, ¿qué probabilidad había de que un único evento, la transmisión de un corona virus a los humanos,  tuviera lugar?  Aunque han tenido lugar  varios brotes  víricos   que guardan similitud en las últimas décadas,  el COVID19 no es algo que ocurra todas las semanas. 

¿Qué impacto tiene el COVID19? Aun es demasiado pronto para hacer un resumen, pero a fecha de hoy ya podemos afirmar que el COVID19 va a causar miles de muertos en todo el mundo, va a  impactar a la economía mundial en forma de estancamiento o de recesión.   El COVID 19 ya ha dado lugar a la cancelación de multitud de congresos científicos, eventos deportivos, ferias de comercio, el aplazamiento de elecciones en varios países.  El COVID 19 ha  generado el  aislamiento de millones de personas en sus casas, el tele-trabajo y la tele-escuela.

El COVID19 nos obliga a todos a ensayar nuevas formas de trabajar, de vivir, de comprar y de relacionarnos. Es muy probable que, cuando hayamos pasado este desafío,   muchas empresas, organizaciones y gobiernos fomenten con mucha mayor intensidad el tele-trabajo.  La globalización y la política de fronteras más o menos transparentes  serán también cuestionadas.  También es posible, y ciertamente deseable, que la sociedad se prepare para otras crisis similares, dado que  seguiremos estando expuestos a que un brote vírico en una ciudad que no sabíamos que existía acabe llegando en 3 meses al salón de tu casa.  La aldea global también era esto.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Sí hay futuro

Hace unas semanas escuché decir a un estudiante de instituto entrevistado en televisión,  participando en una huelga estudiantil, que la humanidad no tenía futuro  y que por tanto no tenía sentido ir a clase,  ya que allí les preparan para un futuro que no existe.  La idea de que no hay futuro  es muy  peligrosa.  La sociedad funciona bajo la premisa de que hay un futuro.   Es por eso que la gente tiene hijos y los educa,   los agricultores siembran la tierra,  los bancos prestan dinero a 30 años  y los estados  emiten deuda para hacer inversiones.

Hasta donde se remonta mi memoria, siempre ha flotado en el ambiente la amenaza de un Apocalipsis inminente.  En los 80 crecí con los misiles nuclear de la Unión Soviética apuntando a Madrid. Recuerdo que le pedí  a  mi padre que nos fuéramos a vivir a Australia, que de alguna forma estaba menos expuesta a una guerra nuclear global. Cuando terminó la guerra fría, se comenzó a hablar del agujero de la capa de ozono, y luego del efecto 2000.  Aquellos miedos fueron remplazados por otros, como el fin del petróleo,  que Michael Moore fijaba muy convincentemente para la década que ahora termina.   Recuerdo que, allá por 2004,  descarté  aquel pronóstico apocalíptico con el argumento definitivo de que si el Banco de Santander me estaba vendiendo una hipoteca a 30 años es porque tenían claro que la civilización no iba a colapsar antes de que se la pagase.

La nueva urgencia apocalíptica es el cambio climático. Valencia estará inundada en 2100,  el océano se queda sin oxígeno, tendremos episodios de clima extremo, sequías, huracanes e inundaciones.  Nada que no estuviera descrito en la biblia hace dos mil años, cambiando Valencia por Egipto.   Además, los portavoces de este nuevo fin del mundo se dirigen a cualquiera que pueda mostrar escepticismo  en términos parecidos a los que los fanáticos de la biblia lo hacían cuando  tenían un poder que  afortunadamente han perdido.  Al igual que aquellos, estos exigen adhesión inquebrantable a los dogmas, demandan la eliminación del pensamiento crítico  y piden sacrificios. 

A estas alturas del post  es probable que usted lector esté alarmado por el tono de estas líneas, pensando que soy otro chalado negacionista pro-Trump o algo así.   No estoy negando el cambio climático, simplemente estoy proporcionando un contexto y una perspectiva. El contexto es que la cultura occidental vive bajo el síndrome del fin del mundo, quizá por sus raíces cristianas, quizá porque es una expresión colectiva del miedo que todos tenemos como individuos a la muerte.  La perspectiva es que, si no se fue el mundo al garete cuando el mismo aparato político decadente que gestionó Chernobyl   tenía en su poder un arsenal nuclear preparado para destruir el mundo, es poco probable que la subida del nivel del mar, el fin del petróleo y la contaminación  acaben con nosotros.

Yo también estoy contra los negacionismos.   Sería poco inteligente negar el impacto medio ambiental que genera nuestra civilización. Sería igualmente estúpido negar que las soluciones vienen y  vendrán de la tecnología,  y que la propuesta más o menos velada  de algunos extremistas de volver al paleolítico implica una reducción de la población para lo que no se divisan voluntarios. ¿Alguien duda de que, cuando haga falta, desarrollaremos la energía nuclear de fusión, que es prácticamente ilimitada y con impacto ambiental nulo?.  Con energía ilimitada, ¿alguien duda de que podremos fijar el CO2 de la atmósfera, igual que lo hacemos con el N2?  Con los desarrollos en genética, ¿no podremos devolver a la vida a especies extinguidas?.    ¿No podremos extraer minerales de la Luna y de Marte, o incluso desarrollar colonias allí?

Tengo para mí que sí hay futuro, que será brillante, y que todo el jaleo apocalíptico y agorero tiene motivaciones económicas y  políticas obvias,  patrocinado por empresas que saldrán ganando, en detrimento de otras,  claro.  Pero si el lector no se fía de mi palabra,  y cree que estamos abocados al colapso,  que se acerque a un banco a preguntar si siguen dando hipotecas a 30 años.